
LOS ÁNGELES DE AMSTERDAM (Cuarta continuación, segunda parte).
Acude a mi encuentro. Se revela, mas no es ella. Un artificio de mago, del hechicero en que me he convertido en estas noches de andar solo, generó una creación holográfica: el espejismo de mi persona transmutado en mi otro yo, mi parte creativa.
La semejanza es incuestionable. Los ojos son idénticos, pero son míos, no de ella.
Hay un extraño poder que emana de mis manos. Una energía que estremece mi anatomía y fabrica formas que vienen a mi vista, que ayudan en el descubrimiento de otra realidad aún por definir.
Es una esencia más plástica, si bien, de momento, no se puede tocar. La veo, la huelo y, sobre todo, la siento. Es la evocación de muchos años que dejé atrás, en trasteros inmortalizados que ni siquiera recuerdo.
La memoria se desmemoria, y tapa con ensoñaciones lo que supuestamente sucedió en otro tiempo. La dimensión espaciotemporal se reabsorbe y se fabrica de nuevo, y se vuelve a inventar, en un devenir imparable y casi enfermizo.
Me he convertido en un gran creador y materializo mis visiones, mis sueños se convierten en realidad tridimensional, pero al punto desaparecen tras dejar un mensaje preciso, que va aportando claves importantes para quebrantar el misterio.
Me vuelvo a apoyar en la baranda y miro la superficie invisible del canal.
Ya no hay reflejos. Sólo la oscuridad impenetrable y el suave sonido del agua que acaricia el malecón.
Víctor M. Alonso Suárez
En algún lugar de Gran Canaria, 30 de Octubre de 2.009
Imagen: http://sobreholanda.com/wp-content/uploads/amsterdam-night-reflection.jpg
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1 comentario:
Pocas veces logro atravesar el callejón de la fuente sin sentir que no son solo los
bebedores los que me miran, los que me siguen inmóviles, con la palabra arrastrada de
años de acodarse gratuitamente.
Algunas noches cruzo el puente casi corriendo, como si me empujara una mezcla de miedo y
excitación que no puedo controlar. No es que le tema a la oscuridad. Las farolas no me
dejan. Ni a aquellos hombres, apenas podrían correr unos metros, y en éste laberinto, se
encontrarían antes con sus fantasmas.
No puedo hacer otro camino, los caminos están hechos, para mí y para todos. Y el de
regreso a la casa también. Desconozco al autor, más por alguna extraña razón le he
respetado. No es mi estilo, o sí.
Cada vez es una instantánea idéntica que me borra lo anterior para dejarme en medio de la
callecita, junto a la fuente seca desde que recuerdo. Nada me pasó allí, no es
nostalgia... Es el espacio invadido por esas pupilas osadas, calientes saetas.
Y otro día, y más deseo. Y más necesitar conocer al dueño de tus ojos. Y te cuento y te
pienso... Cuerpo transparente que me envuelve. Tantas veces necesito hablarte, y te sé
atento, presente, mudo.
Ya te he hecho hombre, te he puesto sexo... ¿Qué poder creo tener para tamaña decisión?
El poder del deseo, de soñarte siempre y más y más... Usar mi nuevo abrigo para
llamarte con mi cuerpo... Tonta de mí, como si éso te importara.
No me atrevo a confesar... El día que usé mi perfume más exquisito, trampas que pretendo
tender, y sólo yo las conozco, y sólo yo las termino, cuando coloco la llave en la
cerradura del portal descascarado. Y termino la aventura.
La lluvia no altera los planes. La lluvia sólo hace que desee olerte, aspirarte,
saborearte, más audaz de lo que jamás he sido.
Recordar el frío de la habitación, la enorme ausencia en la cama y mi plato de comida sin
nombre, sin autor, me detienen en el malecón.
En ésta noche de noviembre, donde las brujas están de fiesta, te esperaré. Hoy sí te
esperaré. Mirando paciente las aguas. Sé que primero asomarás tus alas.
paula anta
octubre 31 09
aqui.
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