
LOS ÁNGELES DE AMSTERDAM (Inicio)
El cielo de Amsterdam en invierno. Un días gris.
Llueve. La ciudad respira, exhala café caliente. Sólo percibo olores y sonidos. Mis ojos sólo son para recordar.
La esquina de un café cualquiera. Sentado. La gente transita su prisa. Caminan el paso de las urgencias. Yo pienso.
Alguien entra. La puerta cruje y el frío acaricia mi cara. También me percibo en mi piel. El sentido del tacto se incorpora al escenario; se añade. Me envuelvo en una capa invisible de imágenes pasadas que recordé al despertar. Allí están, densas como una losa, ligeras alas que evocan otras dimensiones. Sí, es extraño y contradictorio el sentimiento.
Una bella mujer atiende con celeridad y sonrisa.
Vuelvo a pensar. Curioso dilema: el porqué del amor. Sacudo la capa de soledad adherida a mis ropajes.
El aroma del café, mezclado con el perfume de tabaco y quif, fabrica una agradable atmósfera cuando el tacto del frío la compacta. Las mesas, el trasiego de cristales y cerámicas. Conversaciones y risas. Todo suspendido en un espacio que se antoja ilimitado.
Me incorporo. Me abrigo. Salgo y me enfrento al microcosmos de la ciudad.
Víctor M. Alonso Suárez
Gran Canaria, 27 de Octubre de 2.009
Imagen: http://endrino.pntic.mec.es/hotp0053/charo_relano/imagenes/amsterdam.jpg

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