lunes, 26 de octubre de 2009

LOS ÁNGELES DE AMSTERDAM (Cuarta continuación), Víctor M. Alonso Suárez


LOS ÁNGELES DE AMSTERDAM (Cuarta continuación)

Ebrio de distancia y nostalgia, los recuerdos se agolpan y me aturden.

En un puente cualquiera miro el reflejo oscuro. No veo allí mi silueta. Sí te veo a ti, blanca como la tripa de una gaviota.

Hasta ahora no te he observado debidamente. El amor y el andar en el éxtasis casi místico de mis pensamientos ha cegado cualquier otra visión.

Noto cómo en este instante se materializan pensamientos que tuve hace años.

Allí estás. Sonríes distante pero no te puedo tocar. Tu anatomía líquida me es inalcanzable. Tomo impulso para sumergirme en la profundidad de tu físico, pero el ruido de un andar lejano me previene del sueño y abro mis ojos.

Allí sigo, apoyado en la baranda de este puente. No hay nadie. Estoy solo en la intersección de la calzada con el lento transcurrir del canal.

El taconear persiste, oponiéndose a la viscosidad del silencio: invisible flor de perfume violeta que contonea una cintura femenina de Munch.

Como una visión dobla una esquina y aparece radiante.

El entorno se pacifica aun más mientras observo a mi madre, adolescente, acercarse a mí.

No acierto a desentrañar este misterio: Mi madre púber, antes de alumbrar mi existencia, está aquí.

¿Quién soy yo entonces, si aún no existo?

Víctor M. Alonso Suárez

Gran Canaria, 26 de Octubre de 2.009

Imagen: http://www.elpais.com/recorte/20071005elpepucul_34/XLCO/Ies/Edvard_Munch.jpg

No hay comentarios: