martes, 25 de octubre de 2011

Romance de Otoño. Víctor M. Alonso



Les vieron caminar a la hora del sol triste y hermoso del ocaso, en el momento en que se rompe la recta perfecta del horizonte.


Parecían medir el ritmo de sus pasos calmados, y cuando el cielo se hizo nocturno apenas fueron dos sombras de cabeza gacha en la sombra tenue y terrible de la nada, donde lo obscuro enloquece el rumbo de las aves. Sombras en la sombra, sonido del mar que anuncia pena y silencio de gaviotas en el aire.


Sólo el recuerdo quedaría en la memoria. Su presencia pasaría con el devenir mutante del olor que el mar expele en las noches del otoño y en la madrugada sólo serían un presagio de la mañana.


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