lunes, 26 de octubre de 2009

LOS ÁNGELES DE AMSTERDAM (segunda continuación), Víctor M. Alonso Suárez


LOS ÁNGELES DE AMSTERDAM (segunda continuación)

Poco a poco se iba construyendo la trama. Me invitaban a Munch… sus trazos mágicos de color, sus ojos que perforan lo indecible, lo inefable, esa parte que siendo la nada puede tocarse con las manos del sentimiento y la brisa de la emoción.

Los cuerpos femeninos desnudos, de bellos trazos, tan perfectos como su original: más reales en el ideario del arte.

Hacía frío. No podía imaginarme actuando en la transgresión instantánea de las barreras de lo físico. Me sabía conocedor de la técnica, mas en el momento actual de aquel trozo del tiempo me era imposible.

Caminé tranquilo y solo bajo la espuma de hielo que respiraban mis pulmones, y al doblar la esquina penetré la oscuridad del vacío, y la ingravidez inundó el reflejo de mi cuerpo en los blancos diamantes enormes: decoración espectral que traspasaba un vidrio.

Seguí en la noche el discurso de las palabras que reventaban mi cerebro. Recordaba unos versos de Valle-Inclán:

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Había luz sin luz; era extraño. El brillo de las cosas se había apagado, como si el gélido aire hiciera opaca la esperanza, como si la nostalgia abarcara, por un momento, la totalidad de las cosas y el rectángulo de la atmósfera.

Seguía caminando, pensando en mis asuntos y entonces apareció como una antorcha en la noche de un cementerio. Mis ojos se llenaron de fulgor y la tristeza de la palabra se deshizo como la ceniza de lo que fuman los ahogados.

Allí me quedé mirándola, observando la dulce transición de sus vestidos y el perfume a rosas de su mirada en esta noche de sinestesia distante.

Víctor M. Alonso Suárez

Gran Canaria, 19 de Octubre de 2.009.

Imagen: http://mural.uv.es/ayucas/imagenes/amsterdam-de-noche.jpg

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